Sobreprotección y discapacidad intelectual

Entendemos como sobreprotección como el exceso de cuidado que proporciona unos padres sobre el cuidado de sus hijos.

En el caso de la sobreprotección en hijos con algún tipo de discapacidad intelectual, suele darse por la creencia en el adulto de la falta de capacidad, por parte de los menores, en adquirir ciertos aprendizajes en referencia a capacidades y actitudes.

En la búsqueda de un entorno ideal para el menor, lo que se está acrecentando es el impacto que la propia discapacidad tiene sobre dicho menor, limitando, cuando no impidiendo, la experimentación de situaciones que propician el aprendizaje de las capacidades cognitivas y motrices, tan importantes para el correcto desarrollo de cualquier persona y que en el caso de capacidades diferentes intelectualmente se convierten en vitales para reducir los efectos que la propia discapacidad ocasiona.

La sobreprotección se ejerce principalmente sobre el entorno, viéndolo a este como algo «peligroso» del que hay que proteger. Esto se traduce irremediablemente en que no se le da al menor la capacidad de crecer, siendo considerado siempre como un niño pequeño, atendiendo exclusivamente a su edad mental y eliminando la edad cronológica como parte del desarrollo de ese menor.

Con el tiempo, la sobreprotección se traduce en una multidiscapacidad. Ya no tenemos a un hijo/a con discapacidad intelectual, ahora también lo será motriz, social y emocional, y ello conllevará a situaciones de frustración y desasosiego.

Lo curioso de todo lo expuesto es que, poco a poco, las exigencias de sobreprotección las ejercerán los hijos sobre los padres. Es lo que conocen y es como se han criado, y cuando estos padres se sientan tan esclavos de la situación que han generado, ello se va a traducir en estrés, agotamiento y desesperación. A todo ello se puede sumar que si el hijo, acostumbrado a recibir ese exceso de cuidados, deja de recibirlos, esta nueva situación se va a traducir en altamente propicias para malos comportamientos, convirtiéndose nuestros queridos niños en grandes tiranos.

Además, con el tiempo, veremos como esos niños, que antes podíamos manejar con facilidad, han crecido y quizás hayan adquirido más fuerza que nosotros y será más difícil no acceder a sus peticiones.

Como dato relevante, el buen padre o la buena madre, es aquella que deja de ser indispensable para sus hijos lo antes posible.
En un próximo artículo os daremos las claves para dar una educación libre de sobreprotección.

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